La sorprendente historia de Guy Abeille (Importante)


Hacemos un extracto de un artículo publicado por la web amiga “nosinmibici“. El texto que podéis leer a continuación expone el origen del famoso Límite de Déficit, y es absolutamente sorprendente, no dejéis de leerlo, es importante para conocer los sesudos criterios científicos de nuestros gobernantes.

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La sorprendente historia de Guy Abeille

Como sabéis, uno de los criterios de convergencia del Tratado de Maastrich, y quizás el más cacareado, es el de que los estados miembros no deben sobrepasar un déficit del 3% en relación al PIB. Uno podría pensar que es un criterio económico elaborado por sesudos expertos y fundamentado en sólidas teorías económicas. Pues bien, nada más lejos de la realidad. Fue una invención oportunista, una operación de imagen sin ningún sentido económico para contener las ansias inversoras de los ministros del primer gobierno de Mitterrand en la Francia de 1981 y poder tranquilizar a la opinión pública sobre el aumento constante del déficit. Sin más, os dejo con la aleccionadora historia de Guy Abeille, revelada en La Tribune de 01/10/2010 (este es el enlace para los que puedan leer en francés), contada en primera persona por su protagonista y resumida por mí. Pásalo, porque en este criterio sin criterio puede apoyarse el despropósito que Zapatero y Rajoy están cocinando.

“Soy un antiguo funcionario del Ministerio de Economía, destinado entre octubre de 1977 y junio de 1982 a la Dirección de Presupuesto. Me encargué de seguir y analizar mes a mes la ejecución de los presupuestos generales y de proporcionar a lo largo de todo el año la previsión de su saldo, y, en consecuencia, del déficit. Esta información la comunicaba redactando una nota mensual revisada y firmada por mis superiores que llegaba al ministro y, finalmente, al Eliseo.

Al final del ejercicio recibíamos la orden, en función de la proximidad de las elecciones y del clima electoral, de jugar sobre determinadas partidas poco claras de la contabilidad para arreglar el resultado que terminaría siendo publicado, traspasando de un ejercicio a otro determinadas facturas o gastos que se habían vuelto milagrosamente migratorios. Era yo y sólo yo quién entre diciembre y febrero estaba encargado, haciendo gala de inventiva y sagacidad, de establecer la lista cifrada y manuscrita (no se imprimiría nada) de lo que fuera posible hacer para el arreglo. Todo sin otro apoyo que la aprobación oral dada por mis superiores.

La llegada del déficit

En 1973 llegó la crisis del petróleo que cuadruplicó los precios y trastornó la economía mundial. A partir de 1975, con el plan de reactivación de Chirac (un modelo keynesiano de libro) las finanzas públicas se ponen al rojo, un déficit del que ya nunca se saldrá. A continuación, en 1979, llega la segunda crisis del petróleo. El presidente Giscard d’Estaing tiene una fijación: no dejar que el déficit supere la linea de los 30 mil millones de francos. Los dos presupuestos antes de la llegada de la izquierda aguantan en ese nivel (31 mil millones en los años 79 y 80), mediante el arte de los manejos contables que después de tres años de práctica en la Dirección del Presupuesto ya dominaba bastante.

Llega 1981

Con la llegada de Mitterrand, la cifra del déficit se actualiza a 55 mil millones de francos, cifra que el ministro del Presupuesto Laurent Fabius hace pública.

A finales de junio, urge preparar los presupuestos generales del año 1982, que serán los primero con la izquierda en el poder. Pero los nuevos ministros multiplican sus ruegos al Presidente para obtener más créditos para satisfacer sus necesidades. Entonces nos damos cuenta de que vamos a sobrepasar el límite de los 100 mil millones de francos, cifra que ni los más osados jamás se hubieran atrevido a murmurar.

Un encargo de última hora

En estas circunstancias recibimos una llamada del reciente número 2 de la Dirección del Presupuesto, para convocarnos a una reunión a mí y a Roland de Villepin, jefe del despacho. Eramos considerados entre la fauna local como esa especie, rara en la Dirección, de los economistas manipuladores de cifras (somo de alguna forma ingenieros de la economía). Nos hacen saber que el Presidente ha pedido personal y urgentemente disponer de una regla simple y práctica, pero con la marca del experto y por lo tanto sin apelación, que pueda blandir ante los más coriáceos visitantes «presupuestívoros».

Es necesario actuar rápido. Villepin (primo de Dominique de Villepin) y yo, no tenemos ni idea de qué hacer y a decir verdad ninguna teoría económica nos puede orientar. Pero la petición viene de lo más alto. Ponemos pues al animal presupuestario sobre la mesa de disección. Miramos del lado de los gastos, de su volumen, su estructura, con deuda y sin ella, reagrupando por aquí y por allá. Podemos establecer diversos índices, pero ninguno contundente como arma arrojadiza. Damos la vuelta a la bestia del lado de los ingresos: miramos por el lado de los impuestos, pero estos fluctúan con la coyuntura, varios tienen un desfase de un año… Todo es confuso y difícil de argumentar, y nos han pedido algo para la ostentación pública. El camino de los ingresos no tiene salida. Sólo nos queda una vía: el déficit.

El déficit le suena a todo el mundo: tener déficit es estar mal de dinero; o, si se prefiere, tirar de cheques que habrá que pagar mañana. Además el déficit ha adquirido después de Keynes su título de nobleza económica: es una de las variables más visibles de los modelos económicos. Por si sólo, tiene la envergadura y la claridad para salir del paso. ¡El déficit! Pero, ¿que hacemos con él? ¿A qué compromiso hay que someterle para extraer una norma?

La cosa está clara: el salvavidas todo-terreno de los macro-economistas con falta de referencias es el PIB: todo empieza y acaba en el PIB. Todo lo que es un poco grande parece dirigirse razonablemente a él. Así pues, será el ratio del déficit sobre el PIB. Simple; elemental incluso. Con el déficit sobre el PIB, parece que enseguida vemos algo claro.

Un criterio dudoso

Llegados a este punto se impone un poco de reflexión. Comiéncese por notar que el déficit es un saldo, no una magnitud económica de primer orden, sino el resultado de una operación entre dos magnitudes. Este simple hecho, trivial, comporta dos observaciones. La primera es que un mismo déficit puede obtenerse por la diferencia entre dos cantidades de magnitud muy desigual: 20 mil millones son tanto la diferencia entre 50 y 70 mil millones como entre 150 y 170 mil millones. Ahora bien, y esta es la segunda observación, no puede ser en absoluto indiferente a la economía el hecho de que la masa de gastos e ingresos públicos sea de una cierta amplitud (menos del 35% del PIB como en EEUU o Japón) o que lo sea de otra mucho más grande (más del 50% como en Francia o los países escandinavos); sin ni tan siquiera hablar del contenido de cada una de las masas: no es lo mismo un cierto volumen de ingresos con un IVA al 10% y un impuesto sobre la renta que llegue hasta el 80%, que con un IVA al 20% y un impuesto sobre la renta del 30% como máximo. O alinear un mismo volumen de gastos, pero con un 5% de subvenciones en inversión en un caso o del 20% en el otro. Por lo tanto, vemos que el valor del déficit por si mismo sólo tiene un sentido relativo.

La segunda observación afecta a la pertinencia del índice mismo: ¿dividimos coliflores entre zanahorias? Un déficit no es más que una deuda: es la cifra exacta de lo que hace falta pedir prestado a otros, y, por lo tanto, de lo que habrá que ahorrar durante los próximos años para devolver ese préstamo. Dicho de otro modo, mostrar un déficit en relación al PIB, es relacionar el flujo particionado, escalonado, de los vencimientos a pagar en los años venideros con la única riqueza producida en el año de origen. Hay un desfase temporal. De donde se deduce que el único criterio pertinente es el de la capacidad de reembolso en un horizonte dado (que es el del préstamo), la cual está en función, no tanto del déficit consentido en un año dado, como de la deuda global acumulada (ese año, pero también los precedentes y quizás los venideros) y de la previsión que se puede hacer de los recursos futuros, es decir, de la pareja crecimiento/rendimiento fiscal. El resto no es más que imagen.

Ultima observación, más general: un déficit no tiene el mismo sentido económico según sea algo puramente puntual en una serie de años de equilibrio, el cual será reabsorvido en unos años por la reactivación misma de la economía que ese choque habrá provocado (keynesianismo puro), o según sea un jalón más de un largo período de déficits instalados de forma crónica en la marcha de la economía.

Se comprende entonces que fijarse en el déficit de un año dado no tiene sentido. Y que llevarlo al PIB de ese mismo año menos aún. El ratio déficit sobre el PIB puede como mucho servir de indicador. Sopesa una magnitud y proporciona una idea, inmediata, intuitiva, de la deriva, pero nada más. En ningún caso puede servir de brújula de una política económica. No mide nada: no es un criterio. Sólo tiene el valor de un análisis razonado de la capacidad de reembolso, es decir, de un análisis de la solvencia.

Sin embargo, la cuestión política, no económica, permanece: ¿cómo trasmutar el plomo de un análisis razonado de la solvencia en el oro aparente de una regla sonora, impactante, que pueda ser una llave maestra? Es la cuestión que a última hora de la tarde, en junio del 81, se nos plantea.

Fabricar una norma

Presionados fabricamos la idea del déficit sobre el PIB, una redonda y bonita quimera. Ese será el ratio. Queda ponerle una tasa. Es cuestión de segundos. Miramos cual es la previsión del PIB más reciente proyectada por el INSEE (Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos) para el 82. Por otro lado tenemos 100 mil millones de euros de déficit para nuestros presupuestos en preparación. Metemos calculadora: la relación entre los dos no está lejos de dar el 3%.

Efectivamente, el 3%. No tiene otro fundamento que el de las circunstancias, pero está bien. 1% sería poco, 2% inaceptablemente comprometido en estos momentos y con pinta de ser demasiado redondo, prefabricado. Mientras que el 3 es una cifra sólida. Y además, en camino de los 100 mil millones de francos de déficit, marca la última frontera que somos capaces de concebir.

Volvemos a la Dirección del Presupuesto con nuestro 3% del PIB, del cual estamos contentos sin llegar a estar orgullosos, y les decimos que en vista de la hora que es y palabra de economista, es lo más serio y fundado que tenemos en ese momento en la trastienda.

Como se dispara el 3%

Francia se hunde. Mitterrand rebaja el déficit real de 120 mil millones de francos hasta los 95 mil millones que son anunciados, menos que el umbral simbólico de los 100 (nuestro 3% del PIB). Es la primera vez en la historia que Laurent Fabius refiere el déficit al PIB, para volverlo más leve, ya que, al fin y al cabo, el 2,6% del PIB que cita a los periodistas no es más que un pellizquito de este.

En el eterno combate económico con Alemania, el Ministro de Economía, Jacques Delors, es el primero en hacer saber que el déficit no debe sobrepasar el 3% del PIB. Aquí nacen las nociones de «déficits aceptables» y de «cifras razonables». A partir de entonces, en las declaraciones de Fabius, Delors y del Primer Ministro Mauroy, el 3% del PIB es la luz que alumbra el camino. Se convierte en el martilleo de una «política controlada de las finanzas públicas». El proceso de aculturación está terminado: lo que es razonable, no es ver en el déficit un accidente, quizás necesario, pero que es necesario corregir; no, lo que se decreta como razonable es añadir cada año a la deuda solamente una centena de miles de millones de francos.

Extensión del alcance del ratio

Y un buen dia aparece el Tratado de Maastricht. Teniamos el 3% en la manga. ¡En Francia lo usamos, es una cifra de expertos! Así pues, pasa a Europa. Y de ahí se extiendería a todo el mundo. Sin ningún contenido, y fruto de las circustancias, de un cálculo por encargo a falta de algo mejor, un buen dia, ¡voilà el paradigma!

A veces, cuando oigo como un mantra repetir el 3% del PIB, me divierto con ese 3 que escogimos y me viene a la memoria el proverbio «numero deus impare gaudet»: Dios ama los números impares.”

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  1. #1 por consuelo abad el 29 agosto, 2011 - 17:58

    Yo diría que ante tamaña irresponsabilidad y falta de ética de nuestros inoperantes y chapuceros gobernantes no queda otra cosa que clamar por un cambio,pero sabiendo que un cambio real no puede venir sino está basado en un cambio individual de cada uno de nosotros en la dirección de los valores que un día nos definieron como ser humano.

  2. #2 por Braulio el 29 agosto, 2011 - 17:02

    Está claro que hay dos mundos contrapuestos: el pueblo, los de a pie, los asalariados y el otro sector – los ricos, los ‘amasafortunas’, los controladores del capital, etc.
    Cuando llueve, no llueve igual para todos: Cabría esperar mojarse por igual; pues no.
    Cuando hay abundancia, en el reparto de la tarta, el segundo grupo se lleva la parte más suculenta; en cambio, entre los otros, como mucho, se reparten migajas.
    Veamos ahora qué ocurre cuando hay escasez: Los del primer grupo han de apretarse el cinturón, mientras que los del segundo (los ricos) se llevan lo poco que les queda a los desgraciados del grupo primero.
    Esta es la percepción que en definitiva nos llega a la gente de a pie: los ricos se hacen más ricos y los pobres, más pobres.
    Las dificultades de los ricos no son las mismas que las de los pobres; y cuando creíamos, ingenuamente, que las instituciones velarían por un reparto equitativo de los recursos en función de las necesidades, parece que están más preocupados por satisfacer la voracidad insaciable de los más pudientes.
    Sigo en mi empeño de apoyar un partido que propugne estos principios básicos: protección de los más débiles frente a los poderosos; aportar al estado según sus posibilidades.
    Creo que ese partido es ILP.
    Un saludo

    • #3 por beatriz domínguez el 30 agosto, 2011 - 0:05

      Suscribo todo el escrito de Braulio. Entero.

      Y sin menoscabar para nada las explicaciones técnicas del asunto del déficit, que ayudan a entender el follón en el que estamos metidos colectivamente y de qué carambola económica histórica viene la cosa (y eso no es metáfora, por lo que se trasluce del escrito de Guy Abeille), aprecio mucho la simplicidad de los análisis hechos con las palabras de la gente de la calle. Porque nombran lo obvio.

      Todos somos importantes en la lucha contra la imposición de un estado que no protege a su pueblo y lo deja de la mano de Dios y en la cuneta.

      Yo creo que se les está yendo tanto la olla, y la mano, a estos políticos de 3 al cuarto manejados por las grandes fortunas del mundo (esclavos obedientes al fin y al cabo, por dinero en este caso), que la cosa les va a estallar en las narices en menos tiempo del previsible. Y eso será bueno muy a pesar de que por el camino haya mucha gente que lo pase muy pero que muy mal… que es una verdadera lástima.
      Tenemos que reinventarnos como pueblo. y lo estamos haciendo. No creo casual que se dé cuando hay la herramienta (internet) para hacerlo y un nivel de formación suficiente para que al menos una amplia minoría confronte al poder establecido y así los demás puedan ir abriendo los ojos a la trampa en la que nos metieron (y nos dejamos meter en cierta medida: el café para todos les gustaba demasiado a demasiados)

      Los mayas dejaron escrito en piedra que en este periodo de la historia la Tierra se revolvería de formas trágicas y más frecuentemente que en otras épocas (está ocurriendo) y que caerían todas las estructuras de poder que no fueran útiles para la vida en armonía. Y que serían tiempos de superar el miedo. No podía imaginar cómo sería eso y ahora lo veo día a día, pq se les ha ido la olla del todo… y no tienen freno en su locura usurera… ni tienen otros métodos que la violencia ejercida por otros esclavos -la poli- y la falla a la libertat de expresión que nos creíamos conquistada…
      …y la gente podemos ser ignorantes por un tiempo, sí, pero no somos imbéciles y salimos a la calle (eso es contagioso, por eso no lo reflejan los medios de información sesgada, es decir casi todos) y nos asociamos y “asambleamos” en actitudes de pacifismo y no violencia a defender lo que nos corresponde legítimamente: vivir en paz y en armonía, ya sin autoridades falsas que atentan contra el pueblo llano y nuestros intereses legítimos, valga la redundancia.

      Seguimos en la lucha por una vida digna para todos para poder, sencillamente, vivir en paz y evolucionar, tanto como individuos como colectivos y especie.
      Adelante, compañeros de camino, hacemos el camino al andar abriendo nuevos caminos a los ya trillados y sin salida!!!

      • #4 por Braulio el 30 agosto, 2011 - 17:17

        Gracias, Beatriz, por los ánimos y el apoyo a las ideas sencillas de la calle.
        Muchas veces pienso en los retorcidos argumentos de los técnicos que, al fin y a la postre, no dejan de ser posiciones, siempre, favorecedores para los intereses de los poderosos. Raramente descienden a nivel de calle para explicar los motivos que tienen para elegir una tendencia u otra; con lo que el pueblo llano se va formando una opinión. No; eso al parecer no interesa.
        ¡Que tengan cuidado los técnicos, los políticastros, los ‘listos de turno’ porque el pueblo va dejando de ser el ignorante de siempre; poco a poco va accediendo al conocimiento, terreno hasta ahora reservado a unos privilegiados. Por desgracia conocemos situaciones como esta, de hartazgo de la ciudadanía, que termina en episodios sangrientos.
        ¿Es necesario desembocar en ese callejón de no retorno?

  3. #5 por luzfugaz el 28 agosto, 2011 - 16:11

    Es curioso lo que está dando que hablar el límite del deficit y como no se relaciona con el entorno creado debido a que a las cuestiones economicas se dedican personas sin mucho sentido común.
    Es curioso que personas que saben bastante del tema, Tamames, últimamente se dedican a la filosofia dado que es imposible hablar de economia.
    Tener deficit significa crear deuda. Tener deudas significa que alguien tiene ahorros que puede prestarte. Que alguien tenga ahorros significa que alguien gana dinero y es capaz de no gastarselo todo. Por tanto, un estado solo puede gastar aquello que su población es capaz de ahorrar y entregar al estado, sea como impuestos o como compra de deuda emitida por dicho estado. Todo lo que se salga de cuadrar esos números es hipotecar al pais. Por estar dentro de la UE nos han permitido hipotecarnos, pero cuando los demas vén que utilizamos mal los recursos es lógico que les entre miedo y no quieran prestarnos más.
    La política tiene como finalidad conseguir una igualdad de oportunidades de su población y redistribuir la riqueza, pero no a malgastar el dinero que administra y a condenar a las futuras generaciones a la indigencia. La izquierda que conocemos alienta a las masas reclamando derechos pero no las educa en una serie de deberes que son beneficiosos para todos.

    • #6 por Paco Bello el 28 agosto, 2011 - 17:21

      Si partimos de una base errónea todo lo demás suena a Chino. Déficit significa escasez, y déficit público ingresar por debajo de los gastos previstos, eso no implica necesariamente crear deuda, pues otra opción es reequilibrar los presupuestos.

      En el caso de existir esa deuda (habría que comprobar la legitimidad de la misma, pues no es lo mismo incurrir en déficit por una guerra o una catástrofe que hacerlo por salvar entidades financieras privadas que podían haber sido nacionalizadas y no lo fueron), la redistribución de lo disponible debería centrarse en lo básico: pensiones, sanidad, educación, salarios, infraestructuras, etc, y acordar el pago con los acreedores o en caso extremo (esto no es un hogar o una empresa) suspender pagos, a riesgo de que no te presten más (tampoco es un problema insalvable).

      Si este tema está dando tanto que hablar, es precisamente porque lo del déficit es lo de menos, aunque muchos están intentando confundir. Lo verdaderamente importante es que pretendan introducir en la Constitución, la obligación de priorizar el pago de la deuda por encima de las necesidades básicas “prioridad absoluta”.

      Dices: “…Tener deudas significa que alguien tiene ahorros que puede prestarte.”. Sí, de nuestro propio dinero, primero nos lo quitan para rescatar al que te puede prestar, y él después te lo presta con intereses. Por favor… el resto del parlamento desarrolla esa idea, así que no profundizaré.

      La verdad es que sí es el discurso típico del señor Tamames, ese que fue Comunista y acabó en el CDS de los pactos con el PP ¿verdad? ¿El mismo que colabora habitualmente en el siempre imparcial Canal 9 de la CC.AA. Valenciana? ¿El europeísta del Club de Roma?

      Yo suelo recomendar a mis amigos no encender la TV, y si lo hacen, que nunca sea Intereconomía o Canal 9 si no es para reírse un poco.

      • #7 por luzfugaz el 28 agosto, 2011 - 20:14

        Si deficit significa escasez tambien significará que no se puede gastar. Si se gasta se origina deuda.
        Y la deuda o la financias con créditos o hundes a los proveedores.
        El Banco de España tiene mucha responsabilidad en lo sucedido, quizás debido a que han utilizado criterios políticos en lugar de criterios económicos. En el 2004 los prestamos de la banca al sector inmobiliario eran si no recuerdo mal de 150.000 millones y en el 2008 de 800.000 millones, sin embargo los prestamos a la industria se mantuvieron en el mismo nivel, aproximadamente 45.000 millones. Está claro que nadie hizo nada para cambiar el modelo, todos pensando solo en ganar mucho, trabajar poco, que el trabajo duro lo hagan los inmigrantes por poco dinero e importandole poco el futuro de los jovenes.
        El estado del bienestar se crea con inteligencia, trabajo, justicia y sacrificios. Desde la entrada en la UE las politicas de empleo se han basado en prejubilaciones, retardar el ingreso de los jovenes en el mundo del trabajo y aceptar inmigrantes para que hagan el trabajo duro a bajo coste sin controlar su legalidad. Es decir que como los politicos recibian dinero de esa espiral de corrupción y especulación se dedicaban a mirar para otro lado los que tenían la obligación de vigilar y mirar el futuro.
        Yo soy del mundo de las telecomunicaciones y creo que el último presidente que hizo algo por el desarrollo de la industria nacional del ramo fué Adolfo Suarez y practicamente sin gastar un duro. Los demás se han dedicado a las finanzas y no han cuidado el “know how” ni la industria nacional.

      • #8 por Paco Bello el 28 agosto, 2011 - 20:34

        Esto que comentas ya es otra cosa. En parte estoy de acuerdo.

        Pero escasez no significa que no se pueda gastar, sino que hay que medir mucho en qué se gasta. Y hay gastos que hasta ahora eran ineludibles. Y digo hasta ahora, porque con el nuevo modelo lo único ineludible es el pago de la deuda.

        De la UE hay demasiado que hablar como para resumir en un comentario, pero los beneficiarios de la incorporación de España no han sido los españoles, ni muchísimo menos.

        Un saludo.

      • #9 por luzfugaz el 28 agosto, 2011 - 21:37

        Es muy fácil decir que los españoles no han sido los beneficiarios y decir que los otros son unos aprovechados. En una integración se supone que todos deben salir ganando. El problema es que los políticos han utilizado los fondos recibidos de forma incorrecta y no han tenido inteligencia para dirigir la economía. Y aunque me pese decirlo ha sido la teorica izquierda la que ha estado más tiempo en el poder. Aunque como me decia mi padre cuando le propusieron ir en las primeras elecciones democráticas en la lista del PSOE, debido a la tradición familiar, con aquellos descerebrados y sin ética el no iba ni a orinar.

  4. #10 por Lol el 28 agosto, 2011 - 9:51

    la macro-economía, por lo menos al nivel que explica este hombre, está muy lejos de ser difícil.

  5. #11 por JAVIER el 27 agosto, 2011 - 23:47

    A estas alturas de la pelicula yo ya no me asombro por nada. No entiendo lo suficiente de macroeconomia para poder disvermir si esto que se dice es verdad o mentira, pero si creo que la politica mundial actual es una falacia y por lo tanto todo puede ser posible ( y me refiero no a que puede ser posible sino a que se hace y se puede engañar a todo el mundo). Por eso creo en el ILP. Saludos

  6. #12 por maría el 27 agosto, 2011 - 21:14

    ¡voilà el paradigma!

    Esto es elocuencia… ¿Cuántos habrán salido de la misma chistera?

  7. #13 por Tina Rimbau Vidal el 27 agosto, 2011 - 19:00

    …Dios ama a los números impares…. y a los especuladores!!!!

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