Archivos para 26/12/11

Ni mediocracia


Joan Rosell (CEOE)

Después de tanta información, tanta actualidad y tantos pormenores, uno al final, acaba preguntándose de qué estamos hablando cuando nos cuestionamos o criticamos todas estas noticias y situaciones. 

Siempre he creído que en general, la mayoría lo valorábamos desde una posición de justicia e igualdad, pero en algunos casos ya no lo tengo tan claro. La pregunta es ¿nos apreciamos/vemos como iguales, o de tanto condicionarnos hemos asumido que el sistema de clases es algo natural? ¿Sabemos que vivimos en ese sistema?

No sé si se debe a una auténtica reflexión vía ciencia infusa, y tan profunda, que nos hace sabedores de las consecuencias a las que deberíamos hacer frente si reclamásemos nuestros derechos, o es claudicación, sometimiento, o simple y llanamente desconocimiento. Pero no es normal que aceptemos la patente  injusticia con la que convivimos.

En el Estado español no hay democracia, por no haber no hay ni mediocracia, aunque aún queda una gran parte de la población que sí lo cree. Esa parte no parece ser consciente de hasta qué punto está manipulada por una estructura que domina todo su entorno –como ya manejó el de sus antepasados próximos–, y quizá por ello ha aceptado situaciones manifiestamente irregulares sin cuestionarlas siempre que afectasen a un ente como el Estado, que han hecho parecer tan lejano; cuando esos mismos hechos en su ámbito próximo serían inadmisibles. Hay quien ha llegado a aceptar que la realidad en la macroscópica institucional, es diferente de la realidad cercana.

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Un Gobierno con los lobbies dentro


Mariano Rajoy y su equipo aguijonearon durante años al Gobierno socialista por no haber previsto la crisis. Pero su flamante ministro de Economía, Luis de Guindos, nunca vio venir la quiebra de su propio banco.

El 10 de julio de 2008, en su intervención anual en la Escuela de Verano de FAES, el think tank del PP, De Guindos explicó que el principal problema que afrontaba la economía mundial era la “tensión inflacionista” y advirtió del riesgo de una “suave recesión”.

El nuevo ministro de Economía no vio venir la crisis que quebró su banco

Apenas dos meses después, Lehman Brothers, el banco de inversión estadounidense del que De Guindos era ejecutivo presidente para España y Portugal y miembro de su consejo en Europa quedaba reducido a escombros y su quiebra arrastraba la economía mundial a una crisis de la que aún no ha salido.

De Guindos dirige ahora la economía española. Y defiende exactamente las mismas recetas que durante los meses previos a la caída de Lehman Brothers repetía con profusión en sus múltiples conferencias como alto ejecutivo del banco de inversión. Los problemas de su entidad iban a arrastrar a todos, pero los problemas, según el hoy ministro, estaban fuera: sobre todo, en el mercado laboral, en las pensiones públicas y en los salarios de los trabajadores.

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La situación fiscal en el Reino de España y los tambores de guerra del nuevo gobierno


Daniel Raventós

Poco antes de las elecciones a las Cortes del pasado 20 de noviembre, el sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) envió un informe a los partidos políticos y a la ciudadanía en general titulado “Reducir el fraude fiscal y la economía sumergida. Una medida vital e imprescindible para superar la crisis”. Este informe es de lectura obligada para entender muy claramente los rasgos generales de la situación fiscal en el Reino de España desde que empezó la crisis económica hasta hoy [1].

 

El 19 de diciembre, en su discurso de investidura, el ya nuevo presidente del gobierno de la monarquía española, Mariano Rajoy, se apartó de forma notable de las recomendaciones del informe de Gestha. En el discurso escrito no se cita ni una sola vez el fraude fiscal. Es realmente significativo que en un texto que consta de 31 páginas no se hiciese ni una vaga alusión a uno de los problemas más graves de la economía desde el punto de vista fiscal.

 

Aunque puede haber diferencias entre distintos estudios realizados sobre el peso de la economía sumergida en el Reino de España, se estima con mucha convergencia de criterio que abarca un porcentaje que va del 20 al 25% del PIB. Comparativamente, este porcentaje es parecido al que se estima también para Grecia e Italia. Y muy diferente al que se estima para, entre otros estados europeos, Austria, Suiza, Francia y Holanda, zonas en donde este porcentaje mengua a la mitad: del 10 al 12%. Según Gestha, la economía sumergida del Reino de España en el año 2010 fue del 23’3% del PIB, porcentaje que supone la evaporación de 88.000 millones de euros de impuestos. Sigue afirmando el informe que si se redujese en 10 puntos este porcentaje (hasta el 13’3%), se podría ingresar 38.500 millones de euros más al año. Muy contrariamente, en el discurso de investidura de Rajoy, éste anunció que “es nuestro compromiso y a él nos vamos a atener: 16.500 millones de reducción del déficit en el año 2012″. 16.500 es el 43% de 38.500. Y son millones de euros obtenidos de forma harto diferente.

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¿Quiénes son los mercados?


Vicenç Navarro

Cuando el Gobierno Zapatero afirmaba que tenía que llevar a cabo las políticas de reducción de derechos laborales (como debilitar los convenios colectivos) y sociales (como alargar la edad de jubilación, congelar las pensiones o recortar el gasto público social) como consecuencia de la presión de los mercados financieros, estaba, en realidad, intentando externalizar la responsabilidad de desarrollar unas políticas altamente impopulares. Algo semejante ocurrirá ahora con el Gobierno Rajoy. En ambos casos, los ejecutivos nos dicen que no son ellos sino los de fuera, es decir, los mercados, los que mandan mientras que los gobiernos no tienen otra alternativa que desarrollar tales políticas.

Con la ayuda de los mayores medios de información y persuasión del país, los gobiernos intentan presentar tales políticas como determinadas por fuerzas exteriores sobre las cuales tienen poquísima capacidad de influencia. El gran argumento, que justifica tales políticas, es que son necesarias para “dar confianza a tales agentes externos: los mercados financieros”. En otras palabras, hay que reducir el déficit y la deuda pública, y hay que reducir los salarios y debilitar a los sindicatos a fin de calmar a los mercados para que estos presten su dinero al Estado español, permitiéndole con ello poder pagar sus gastos. El problema con este esquema político-intelectual es que cada uno de los postulados sobre los que se basa es erróneo, es decir, los datos empíricos no lo sustentan. Veámoslos.

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